Después de las vacaciones solemos mirar las cosas con una perspectiva renovada. La distancia respecto a la vida cotidiana nos devuelve la objetividad; los problemas los situamos en su lugar preciso; y nos sentimos con fuerza para acometer los desafíos o para perseverar con nuevo entusiasmo en lo de siempre. Esto me parece que es muy palpable en el ambiente que se respira en un colegio los primeros días de clases. Es verdad que hay cierta desazón porque las vacaciones han terminado, pero en el fondo, aunque cueste reconocerlo, la mayoría de los alumnos y de los profesores está contenta de volver a clases. Todo está cargado de novedad y optimismo: las instalaciones suelen estar “sopladas”, los uniformes relucientes, hay compañeros nuevos a los que conocer y los cuadernos limpios son una llamada a mejorar lo hecho el año anterior.
En las familias suele dominar el mismo tono optimista y esperanzado. Todos sin embargo sabemos –lo hemos experimentado- que lentamente vamos cayendo en la realidad. Lo nuevo empieza a ser lo de siempre y puede aparecer el tedio y el aburrimiento. El día a día va opacando el brillo inicial del año.
¿Cómo evitar que el tiempo consuma los momentos en que el optimismo y la esperanza brotan sin ningún esfuerzo? En los sistemas de regadío los flujos se regulan con embalses. En la educación de los hijos hay que proceder análogamente. El mes de marzo es bueno para detenerse y pensar: ¿qué metas concretas me puedo plantear con cada hijo? Tal vez antes haya que partir por casa y proponerse mejorar en un aspecto como papá o mamá: fortalecer en uno o muchos aspectos el matrimonio, dedicar más tiempo a la casa, consentir menos a los hijos, conocerlos mejor, confiar más en su libertad, etc. Tal vez lo más relevante sea revisar las expectativas que se tienen con cada uno de ellos.
“Tanto alcanzas cuanto esperas” escribió la mística castellana. La verdadera educación es una tarea para gente magnánima, que no se conforma con medianías. Con realismo, comprensión, sentido común, buena formación en orientación familiar y exigencia hay que procurar llevar a cada hijo a su punto más alto, en el plano espiritual, familiar, escolar, en las relaciones sociales, etc. E ir por delante dando ejemplo. Después de todo se educa principalmente con lo que se es más que con lo que se hace.