Puestas
las bases fundamentales sobre el ser del hombre, podemos ahora estudiar las
consecuencias que se derivan de su concepción personal en el ámbito educativo.
Tomás de Aquino hace un penetrante análisis en el De Magistro, el cual como veremos tiene una gran actualidad[1].
En primer lugar, indica Santo Tomás, que el sujeto principal e intrínseco de la
docencia es el sujeto que aprende. El maestro no infunde el conocimiento, no lo
impone, ni traspasa. El profesor actúa ayudando a adquirir el saber.
En
segundo lugar señala que la función del profesor consiste en enseñar (del latín
insignare: mostrar con signos). El
alumno a través de estos signos entiende lo que se le enseña.
En
tercer lugar, el alumno aprende a partir de los primeros principios y las primeras
nociones que adquiere por el conocimiento sensible. El alumno es el que
aprende, y lo hace según su capacidad.
El
cuarto y último principio es que el profesor debe facilitar el aprendizaje del
alumno o la elaboración personal de sus conocimientos, evitando argumentos
inútiles, siguiendo un método ordenado de exponer y procurando no repetir sus
enseñanzas. Con la explicación, lo que se debe lograr es que el alumno mismo se
explique.
¿Siguen
siendo válidos estos principio? Para responder a la pregunta podemos
compararlos con la teoría del aprendizaje significativo de Ausubel[2].
Ausubel sostiene que el alumno debe
asumir que él es el responsable de aprender y debe manifestar una actitud favorable
para relacionar los nuevos contenidos de un modo sustancial (no arbitrario) con
los conocimientos de su estructura cognitiva. La escuela no puede renunciar a
su responsabilidad por la dirección guiada de los aprendizajes (de lo cual se
infiere la responsabilidad de los profesores). En segundo lugar, plantea que dentro
del aula, el lenguaje es el sistema básico de comunicación y transmisión de
conocimientos (enseñanza expositiva verbal). En tercer término, para Ausubel la
tarea del docente consiste en programar, organizar y secuenciar los contenidos
de forma que el alumno pueda realizar un aprendizaje significativo.
No es difícil darse cuenta que las
condiciones del aprendizaje significativo de Ausubel son bastante similares a
las que plantea Santo Tomás. Esta coincidencia no debe tomarse en términos
polémicos, sino como una confirmación de que los enfoques personalistas toman
lo mejor de la tradición filosófica cristiana y de las modernas teorías
pedagógicas
Llegado a este punto podemos sacar otras
consecuencias sobre las características del profesor en el enfoque personalista
y los medios que hay que poner para formarlo:
a) Deber tener una sólida formación en la
disciplina que enseña y debe saberla integrar dentro de un contexto cultural
amplio.
b) Debe manejar las teorías del desarrollo
de la persona en lo cognitivo, afectivo y social. Sólo así podrá dar la ayuda
necesaria en el momento adecuado.
c) También debe ser un experto en el
conocimiento de los modos que tienen las personas para aprender.
d) Como decíamos más arriba, debe
profundizar en la dimensión ética de su condición de profesor. No sólo para
regular su comportamiento, sino que para que sea capaz de ayudar al alumno a
que haga un uso progresivo de su libertad.
e) Ha de ser un experto en la didáctica
específica de su especialidad de modo de facilitar al alumno la elaboración
personal de sus conocimientos.
f) Se le debe enseñar a trabajar en
equipo. La tarea docente se debe entender como una función cooperativa en la
que cada profesor aporta sus iniciativas.
g) Se debe habituar al estudio permanente,
para estar al día en su disciplina específica y al tanto de todos los avances
de la ciencia pedagógica.
h) Es fundamental la conciencia de la
importancia del trabajo para el mejoramiento de la persona. Y para esto es
fundamental la idea de la Obra Bien Hecha. “Un sistema educativo basado en la
Obra Bien Hecha tiene como una de sus finalidades ayudar al estudiante a ser
capaz de descubrir el bien que en todo trabajo –incluso en los más agobiantes-
se encierre. El trabajo es una necesidad humana; en la medida en que no se
llegue a ver como un camino de plenitud, la vida del hombre se degrada”[3].